Yo te soñé, Francia.

No se puede ir más lejos que hasta la frontera de los sueños. Algunos de esos viajes a la inmensidad del silencio se pueden hacer desde el sofá de casa, pero yo ya los tengo todos. He viajado mentalmente a todos los lugares que mi atrevida cabeza puede imaginar, consciente y subconscientemente.

A la deriva entre mi preferencia por los destinos europeos, que cada vez mira más hacia el Este, y la reciente adquisición de una curiosidad mordaz por otros destinos de naturaleza más exótica, flota aún mi amor por el aroma de la vieja Francia, esa tierra que puedes soñar si quieres, pero que no se deja exprimir más que por la mano del que la respira a pie de calle. Hoy pongo aquí una fotografía de hace dos años, que saqué en las calles de Honfleur, en la Baja Normandía, y voy a dejar una breve descripción de tres momentos en que fui sorprendido por esa Francia cuya esencia aún tengo que madurar.

Momento 1. Es más grande y más bonita:

Si, voy a caer en el topicazo de la Torre Eiffel. Todos sabemos que entrado el segundo milenio, vivimos un exceso de iconos que no es fácil clasificar. Pero en mi lista particular esa montaña de hierro elegantemente ordenado ocupa un lugar especial. Ahora cierro los ojos y me voy tres años atrás. Estoy en una Mercedes Vito de color azul con tres amigos, entrando en París por primera vez, conduzco yo. Por aquel entonces no lo sabía, pero estoy recorriendo entero el boulevard St. Michel, escuchando atentamente las indicaciones de Sara. No, no vamos con ninguna chica exuberante, es la voz del GPS. Me acerco a un puente, ¿eso es el Sena?. Si, mis ojos van a ver en 4 segundos el escenario central de unas 500.000 fotografías, 45 películas y 670 reportajes. Segundo 1: comienzo a cruzar el puente, a la derecha veo las dos torres de Notre Dame. Segundo 2: me doy cuenta que estoy sobre L’îlle de la Cité. Segundo 3: no sé cómo mi cabeza se gira a la izquierda y veo la silueta de la Torre Eiffel, difuminada por la lejanía y sin embargo prominente en la escena. Segundo 4: imposible recordarlo, acabo de ver la Torre Eiffel por primera vez, dejadme que lo digiera… se ve gigantesca entre las casas bajas de París. A este tipo de experiencia es a lo que yo llamo fotografía mental. La puedo ver cuando quiera, ahí estará siempre. Felicidades señor Eiffel: ha sorprendido a un hombre que vivió 110 años después que usted.

Momento 2. ¿A qué huele?:

Precisamente Honfleur. Un puerto que la modernidad ha dejado en atractivo turístico. Sin embargo de esa joya partieron los barcos que harían de Quebec una región al otro lado del Atlántico cuya gente resulta que también habla francés. Todo el comercio de las siguientes décadas partiría de allí. Si, Honfleur era realmente muy importante. Me remonto dos años atrás. Estoy durmiendo allí mismo, a 100 metros del viejo puerto, en un hotel que rebosa encanto normando. La noche anterior recorría las calles desérticas de ese centro histórico, 3 autobuses hasta llegar allí. Cansado, reventado, una ducha y caigo en la cama. Desconecto todo. Tic, tac. ¿A qué huele?. Huele muy bien. Mi hambre y una dosis mortal de curiosidad me ponen de pie en un instante. Me pongo en marcha, atravieso el hall del hotel y abro la puerta de madera. Otra fotografía mental: es viernes y ante mis ojos tengo un mercado tan cargado de olores, detalles y color que no parece real. En los puestos se guisa carne, se cortan quesos con los que sueño aún hoy. Pan, verdura, aceitunas, embutidos, y un baño de gente que curiosamente transmitía tranquilidad. Una sensación estética recorre mi cerebro: esto no puede ser tan perfecto. Los franceses tienen eso, ven más allá de la función de las cosas, no entienden nada si no está acompañado del buen gusto estético. Felicidades a los franceses, han sorprendido a un hombre que creía que hay cosas que uno da por desastrosas y no se pueden mejorar.

Momento 3. Una ciudad de muñecas:

Los que hayan estado en Brujas, Bélgica, ya deben saber lo que significa ‘una ciudad de muñecas’. Yo no lo sabía, y efectivamente visité Brujas dos veces antes de que mi maleta rodara por las calles de Estrasburgo, ciudad que como muchos sabréis perteneció a Alemania y hoy es francesa. Pueden imaginar el contraste que eso implica, forma parte del juego. Me temo que de unir el gusto estético y el refinamiento francés con el increíble talento práctico alemán sólo podía surgir Estrasburgo. Brujas es genial, pero esta ciudad de la que os hablo es francesa (lo siento, no soy imparcial). Aquí no hay una fotografía mental que pueda describir, es la ciudad más detallista que he visitado nunca. Hay un álbum mental con varios tomos que van desde mi oreja izquierda hasta la derecha. Cada ventana, cada adoquín de sus calles, cada vitrina de sus comercios es un canto al marketing más descarado: Cómprame, paséame, mírame. Me remonto un año atrás. Estoy con mi mejor amiga, almorzando en la antigua aduana de la ciudad convertida en restaurante. Una terraza nos deja ver el río y su correspondiente actividad: barco va, barco viene. Todo está envuelto en un silencio embriagador; el sol se cuela entre las hojas y los toldos; estoy comiendo mi primer plato de choucroute… cierro los ojos y riego el primer bocado con un poco de vino francés. A esta experiencia es a lo que yo llamo ‘Felicidad’. Gracias al cocinero por ese pase de invitado al paraíso.

Son tres momentos tan importantes como insignificantes, tres situaciones que no podría soñar jamás desde mi sofá. No hay nada especial en el hecho de viajar, si el viajero no pone en su equipaje la idea y la intención de dejarse sorprender.

Este año lamentablemente me toca soñarte, Francia. Hasta el año que viene. Vete preparándome lo mejor de ti.

Never A Machine

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Título: Nunca Una Máquina

Si quiero puedo concentrarme en algo como si estuviera hecho de acero. Si quiero puedo no sentir para evitar el dolor. Si quiero puedo dar pasos de gigante para no sentir compasión de los pasos de tortuga. Si quiero puedo ser arrogantemente insensible.

Pero me enorgullezco de no querer.

Una Parte Importante De Toda Esta Historia.

Two Dreamers, One Dream: FUSIONfoto

Tras algunos meses de olvido y abandono del blog, retomo un poco la actividad con esta fotografía que de verdad es muy importante.

Somos Andrés Gutiérrez y yo en el puente de reciente fabricación que se encuentra en la autopista TF-5. LLevábamos ya unas cuantas semanas mirándolo y sabiendo que sería, tarde o temprano, uno de nuestros futuros escenarios. Una tarde, después de tomar un café y tratar mil cosas sobre FUSIONfoto, decidimos ir y verlo… por supuesto con la cámara  a cuestas. Tras explorarlo y exprimirlo con un gran angular se presentó la oportunidad de dejar que el 50mm f/1.4 hiciera de las suyas.

Bueno, ya que estábamos aprovechamos para hacernos algunas fotos juntos a modo de promoción; y ahí está esa fotografía que por primera vez nos reune en un encuadre como FUSIONfoto, después de 5 meses. La reflexión es que hemos estado volcados en hacer fotografías y casi no nos hemos parado a pensar en nuestra propia realidad de ‘equipo’.

Por eso cuando veo esta fotografía me tengo que poner serio y ser consciente de que algo se está moviendo, que hay mucho tiempo y trabajo por delante y que algún día, entre un millón de fotografías, esta será ‘la primera’.

Ritual

Me rondaba por la cabeza una fotografía que hablara de ritos, sin entrar en ninguno en concreto. Entonces recordé imágenes documentales sobre rituales festivos de diversas tribus aun hoy en día latentes. El factor casi común es la mirada de aquellos que escenifican en las representaciones la guerra o la caza. He querido expresar con la mirada de este ojo en cut out los comportamientos ancestrales del ser humano a través del lenguaje de la pintura facial, una demostración antigua del misticismo que ha rodeado a las costumbres de algunos pueblos y que tenía y tiene su máxima expresión en el hecho ritual.

El ser humano en su afán de civilización ha ido abandonando la ritualidad en sus creencias y ahogando el factor místico de las mismas por su inoperancia práctica. Creo que existe un punto de inflexión relativamente reciente en nuestra evolución, que bien puede dejar huella en el desarrollo de nuestras relaciones humanas.

Jacqueline Bello

Reina En La Noche

↑ Jacqueline Bello es la Reina de las Fiestas del Puerto de la Cruz de 2008 y Miss Puerto de la Cruz del mismo año.

Tuve el honor de realizar una sesión fotográfica para Jacqueline en las calles del Puerto de la Cruz hace unas semanas, con motivo de una iniciativa que reunía a 3 fotógrafos canarios para que cada uno aportase su trabajo en una serie de retratos de la Reina 2008. Debo agradecer esta experiencia en primer lugar al director de la Gala de las Fiestas 2009, el inigualable Alberto Castilla, al propio Alejandro Amador , sin el cual no hubiera sido posible (gracias por ser grande Ale), a Jacqueline por aguantarme toda la tarde y posar tan impresionantemente bien y a todos los que ese día me echaron una mano.

Otras capturas…

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oche foco detrás blog

Gigante casa de la aduana blog

City Of Dreams: ‘Victoria’

City Of Dreams: 'Victoria'

Me parece divertidísimo este tipo de fotografía. Persigo sobre todo que la persona retratada se vea radiante y distinta (que no diferente, ojo!)… hacer escapar al retratado de la parte de la realidad que nos ata a la monotonía puede ser también un móvil para el fotógrafo.

Esta fue una sesión semi-improvisada junto con AndreS, aprovechando la bondad de uno de los locales de la zona de Fundación-La Noria, en Santa Cruz de Tenerife, donde pudimos enchufar la iluminación y disfrutar de unos minutos de cielo AZUL y un rato de fotografía creativa.

Modelo: Victoria
Strobist info: Un flash 400W @ 1/3 cam right a 45º en Softbox 100×60.